¡ Obreros de Puebla, Orizaba,
Monterrey, Guanajuato, Cananea, Parral, Pachuca, Ebano,
Necaxa; Operarios de fábricas, acudan a nuestro
llamado fraternal, ayúdennos con el empuje valiente
de su esfuerzo; Hoy es el momento de la lucha.
Esa armazón de la tiranía
carrancista cimentada en fango y en las ambiciones amarradas
con la impostura que quiso erguirse como el edificio
grandioso de la revolución mexicana, está
por derrumbarse!
Los líderes oficialistas,
arteros, representantes de la burguesía uniformada
de amarillo con cananas y fusiles fingió tenderles
la mano a obreros y campesinos, y con la demagogia de
la clase gobernante trató de entonar el mismo
himno de las reivindicaciones de los asala-riados.
Carecíamos de pan para
nuestros hijos y la oligarquía cerró los
talleres y las fábricas.
A cambio de la sangre de los
obreros les ofreció la condición del soldado;
a cambio del trabajo en las fábricas les aplicó
la férrea disciplina del cuartel; y en el nombre
de Carranza los llamaron soldados de la revolución.
Los batallones rojos de los obreros lucharon por disipar
las sombras del presente, con el ansia de ver la aurora
del mañana.
El engaño fue cruel.
En vez de la ayuda prometida a los obreros y sindicatos,
vino la imposición gubernamental, exigente y
tiránica se quiso hacer del obrero la criatura
dócil del gobierno, para preparar la farsa de
las elecciones cuando llegara el momento. Se quiso hacer
de los sindicatos un arma que sirviera de apoyo a la
tiranía y su aliado el capital.
A las agrupaciones creadas para
defender el trabajo contra las explotaciones y los abusos
del capital que resistieron la presión del gobierno,
el carrancismo llegó a donde el mismo Huerta
no llegara, a cerrar su templo de libertad ¡¡LA
CASA DEL OBRERO MUNDIAL!!
Pero no fue todo, cuando convocaron
a la huelga general, se les negó el derecho a
la huelga, Carranza les impuso sus condiciones de acuerdo
con los patrones y a los que protestaron la represión
y la carcel.
No camaradas, ustedes no pueden
estar con sus enemigos, sus intereses y demandas son
iguales a las nuestras, cuando exigen aumento de salario,
reducción de horas de trabajo y mejores condiciones
de vida; es lo mismo que nosotros exigimos al proclamar
nuestros derechos a la tierra.
Ustedes consideran que por medio
del sindicato encontrarán una de sus fórmulas
para encontrar un remedio a sus males mientras que nosotros
no pudimos más que pensar en las armas, en la
insurgencia y en la rebelión abierta contra los
conculcadores de nuestros derechos; porque cuando el
oprimido no es dueño ni aun de lamentar su suerte
no queda otro camino digno, no otro gesto redentor que
el de esgrimir las armas; proclamando vencer o morir,
morir primero antes de continuar más tiempo siendo
esclavos.
Tras estos años de tremenda
lucha infatigable, la aurora del triunfo está
por llegar el sistema de control oficialista, el más
pérfido de los disfraces que la burguesía
ha revestido a nuestro país está desenmascarado,
el triunfo de nuestros principios consignados en el
Plan de Ayala se acerca; a ustedes obreros les toca
acelerar este proceso poniéndose solidaria-mente
de nuestra parte.
Que las manos callosas de los
campos y las manos del taller se estrechen en saludos
fraternales de concordia porque en verdad les decimos:
unidos los trabajadores seremos invencibles, somos la
fuerza, la razón y el derecho; somos el presente
y el mañana..."
¡Salud, Hermano Obrero, salud, tu hermano el campesino
te espera!
EMILIANO ZAPATA
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