No quiero
convertirme en la mujer que, porque los hombres
consideran de alguna forma macho, es aceptada. Cómo
lograr que mi presencia signifique de hecho que
otras también puedan estar, cómo lograr
que mi presencia llame a otras y no tienda a considerarme,
de alguna forma, un bicho raro, cómo lograr
que estos hombres comprendan que la liberación
de la mujer es un objetivo revolucionario para que
lo asuman plenamente (...); cómo lograr que
desgajada de lo específicamente feminista,
mantenga vivo el problema y sepa distinguir lo revolucionario
de lo anecdótico y reformista; cómo
fusionar revolución y liberación de
la mujer"1.
Este texto
de Dolores González Catarain, Yoyes, resume
e ilustra el tema del que trata este artículo.
Yoyes y yo desde estas líneas nos preguntamos:
¿Es posible reelaborar el concepto de género
desde parámetros revolucionarios? ¿Lo
ha hecho la organización ETA?.
Un poco
de historia
En los orígenes
de ETA no hay mujeres en puestos destacados. De
hecho, entre los fundadores su presencia es inexistente.
En los 60, aunque en algunos casos sufren grandes
castigos a consecuencia de ello, aparecen en labores
de infraestructura, en la retaguardia del varón.
Esta actitud
permanece a medida que transcurre el tiempo; cuando
empiezan a morir los militantes de ETA varones,
la mujer -la más cercana: su madre o su compañera-
adquiere un papel protagonista en los rituales funerarios.
Según
la lectura que hace Aretxaga2,
estos actos constituyen una demostración
de la indarra (fuerza) femenina al tiempo que un
símbolo de fertilidad, signo de que no ha
sido una muerte en balde, sino la semilla de futuros
luchadores. Es decir, la mujer se mantiene en su
papel tradicional, como guardiana de la etxe (casa)
y representación de la tierra y de los poderes
fecundos.Con el paso del tiempo se observa que la
mujer no se resigna a este papel contenedor y pasivo
y reclama poder efectivo buscando ella también
los que tradicionalmente han sido elementos de simbolización
de la indarra masculina.
La mujer
exige una reconstrucción del género
reclamando para sí lo que ha sido determinante
en la definición tradicional del género
masculino. En este sentido, la mujer empieza a imitar
los aspectos más llamativos y tal vez más
burdos de la conducta masculina. Así en los
años 80 comienza a hacerse familiar la presencia
femenina en los actos más espectaculares
de la organización: las acciones armadas.
A medida
que la mujer coge el hierro y, sobre todo, en la
medida que muere por el hierro, se observa en los
comentarios de mis informantes varones una mayor
aceptación de la mujer en la organización.
La integración se paga en sangre.
El ingreso
¿Qué
puede buscar una mujer cuando ingresa en ETA? ¿Tiene
las mismas expectativas que un varón?.Puede
afirmarse que, independientemente del sexo, hombres
y mujeres ingresan en ETA por una común necesidad
de orden más afectivo que ideológico
originada por varios factores:- Vivencia de la situación
de Euskal Herria como de una situación agónica
que exige una respuesta, aunque ésta sea
pagar vida por vida: la vida de la comunidad se
asegura mediante la puesta en peligro de la vida
individual.
Este factor
tiene especial importancia cuando se conoce a alguien
que ha sufrido o está sufriendo una situación
de castigo: cárcel, muerte,...- Hastío
y necesidad de encontrar un sentido. La vida, que
se presenta como un caos al que sólo pone
fin la muerte -en sí misma el mayor absurdo
de todos, la última estafa de la vida- puede
tener un sentido precisamente enfrentándose
a la posibilidad de morir, tomando un papel activo.
De esta
forma, vida y muerte encuentran sentido.- Además
de los dos factores anteriores, aparece un tercero,
unas veces mejor definido, otras expresado de manera
más confusa, pero siempre influyendo en todas
las mujeres con las que he tenido ocasión
de hablar. Éste es la posibilidad de reconstruir
el concepto de género y modificar las relaciones
entre los miembros de ambos géneros a partir
de la experiencia de militancia. Las mujeres de
ETA suponen que todos los integrantes de la organización,
también los hombres, participan de esta misma
preocupación.
Además
de los factores nacionales o de lucha de clases,
colocan en un lugar importante la lucha por los
derechos de la mujer. No saben exactamente articular
qué es lo que esperan de la organización
a este respecto. Los testimonios de las informantes
hablan de cómo desean un trato digno y equitativo
para hombres y mujeres, no ser discriminadas en
función del género y un nuevo reparto
de los roles sociales. Tras el triunfo revolucionario
-piensan las mujeres de ETA- estos logros se extenderán
a toda la sociedad vasca libre.
El campo
de experimentación es la propia militancia
y las relaciones entre militantes.En este artículo
examinaré la cuestión de cómo
responde ETA a esta expectativa. Al realizar trabajo
etnográfico no he entrevistado a todas las
mujeres que han militado en ETA, así pues
puede haber quien no se identifique con las afirmaciones
que han hecho sus compañeras, porque cada
persona tiene una diferente experiencia de vida.La
mujer militanteSegún las experiencias de
mis informantes, no existen trabas especiales para
el ingreso, y el papel que han de cumplir en la
organización es el mismo para hombres y mujeres.
Sin embargo,
señalan las mujeres, cómo en las primeras
acciones dentro de la organización se sienten
observadas y puestas a prueba, más que si
fueran varones. Transcribo a continuación
un testimonio ilustrativo.
La informante
es una mujer joven que militó en la segunda
mitad de la década de los 80.- "Al principio
en nuestro grupo éramos 4 chicas y 3 chicos
que nos conocíamos del pueblo. Luego quedamos
sólo dos chicas; dos chicas que todavía
no habíamos hecho más que una pequeña
cosa, poner una bomba en algún sitio...,
o sea, te quiero decir que no habíamos hecho
todavía nada, nada, aunque entonces pensábamos
que éramos Sandokán en versión
de Euskadi. Lo que sí tengo recuerdo de eso
es que una vez cuando ya estábamos integradas,
ya teníamos pipas3,
teníamos todo eso, estábamos conscientes
de lo que íbamos a hacer, porque ya habíamos
tenido bastantes posibilidades de dejarlo ya, cuando
la gente del grupo había pensado en dejarlo,
y, bueno, nos dijeron para la primera ekintza un
poco gorda. Y nos llamaron y nos dijeron: Bueno,
pues en tal sitio, a tal hora. Y yo tengo recuerdo
de que las dos comentamos: Bueno, según lo
que hagamos mañana nos aceptarán.
Y era porque éramos tías.
Este recuerdo
tengo de las dos, que teníamos consciencia:
si hacemos una chorrada que puede hacer cualquier
otro -por los nervios, porque es la primera vez
que vas a una cosa así, porque estás
con gente que no conoces, no sé, que te puede
pasar, y porque éramos unas crías-,
que te puede pasar; según como hubiéramos
actuado nos aceptarían o no. Tienes que demostrar
mucho-mucho más siendo tía.
- ¿A
un chico se le perdona más?- "Sí,
sí, yo creo que sí. Ahora, una vez
que te aceptan, yo en ese sentido no he notado ninguna
discriminación, en ese sentido, en el sentido
de: Vamos a hacer unas ekintzas y tú que
eres chica vas a tener que estar aquí escondida
por si vienen. No, ya eres otro más. Ya te
tienen en cuenta pues según tu papel, pues
oye, cómo lo puedes hacer mejor. Yo no he
notado en ese sentido, en todo lo demás notas
igual que aquí".
- Y una
chica ¿puede plantearse hacer más,
exponerse más, para demostrar que vale?-
"En un principio, luego no, pero en un principio
sí. No el exponerte más pero que tienes
que demostrar mucho más que sí, que
tú también eres capaz, aunque seas
una tía, eso está claro al principio.
Al menos así lo entendimos la otra y yo,
fue lo que comentamos: Según lo que hagamos
mañana -porque éramos tías-
nos aceptarán o no nos aceptarán.
Y parece que salió el asunto bastante bien,
porque luego sí, estuvimos integradas".
Una mujer
tiene que luchar contra los tópicos que su
compañero varón ha recibido en su
enculturación y que ahora rebrotan al crear
la nueva comunidad. La mujer se convierte en objeto
de bromas que la hacen aparecer torpe, charlatana,
descuidada, en suma, un elemento de escasa confianza.
Al tiempo, cada vez que hace algo de forma correcta
recibe unas felicitaciones y agasajos que no recibe
un varón y mucho más exagerados de
lo que la acción en sí misma merece.
Es decir,
que la mujer puede verse minusvalorada en función
del género. Y no sólo por la imagen
que los varones tienen de ella, sino por la autovisión
que tienen las propias mujeres. Esto puede llevar
a que, para demostrar lo que valen, y para conseguir
poder dentro de la organización, se arriesguen
más o que sean más frías y
duras en la acción.
Según
los testimonios de los varones los militantes más
"sanguinarios" (sic) son mujeres. Habría
que preguntarse hasta qué punto no es la
presión que se ejerce sobre ellas la causante
de ese rigor, de esta "masculinización"
del comportamiento que tiende a imitar los aspectos
más burdos del modelo masculino.De cualquier
forma, también señalan hombres y mujeres
que tras un primer período de tanteo, a veces
acompañado de actitudes desconfiadas o paternalistas,
hombres y mujeres realizan las mismas funciones,
ocupándose de unas u otras tareas en función
de las habilidades personales.La gran pregunta es
por qué, entonces, no hay mujeres en puestos
de responsabilidad. A ella no he encontrado una
respuesta satisfactoria.
Además,
aun en el caso de llegar a ese puesto, esto no se
traduce en un mayor respeto hacia el resto de las
mujeres, la que lo consigue es una excepción;
en cambio, los errores que pueda cometer, sí
empañan al resto de las mujeres.
En este
sentido es interesante la reflexión que Yoyes4,
escribió en su diario en 1983, cuando ya
llevaba cuatro años alejada de la organización."
La esperanza
de que me impondría como mujer en un mundo
de hombres me empujaba, me sentía fuerte,
yo diría que llena de vida y entusiasmo.
Y cuando me impuse como mujer, o al menos así
lo sentí, ya era demasiado tarde, me había
agotado en la lucha, o el triunfo no me daba nada.
Primero, comprendía que era algo individual,
que no se traducía en más respeto
y solidaridad para con otras mujeres, y segundo,
ese triunfo era la derrota de mi lucha como mujer
en un futuro no muy lejano"5.
El desencanto
al comprobar estas premisas puede ser grande. Cuando
le parece ver que dentro de la nueva comunidad se
calcan los mismos parámetros de conducta
en los que ha sido socializada, puede aparecer el
desengaño e incluso el deseo de abandono;
desde una perspectiva de mujer puede entender que
no merece la pena el sacrificio que comprende militar
para construir una sociedad asentada sobre los mismos
valores, sólo que esta vez en tricolor.
D2 me hablaba
de cómo este desengaño se va gestando
en los pequeños detalles:
- "Te
haces una idea igual un poco equivocada de lo que
es; no sé, te crees que te has metido en
una organización en que la gente va igual
como tú, que es supermaja, que estamos superliberados
de cantidad de cosas, y te metes en una organización
en que la gente funciona igual-igual que en una
sociedad como la de ahora, por ejemplo, en el rollo
de feminismo y todo eso te quiero decir".
- Y de eso,
¿cómo te dabas cuenta?- "Pues
mira, por ejemplo, cuando tuvimos que pasar al otro
lado y tuvimos que pasar por monte y éramos
un montón de tíos, pues igual éramos
ocho tíos y yo, la única tía,
pues cuando dijeron 'Hay que hacer dos grupos',
pues, quitando el que hoy es mi marido, que ni comentó
nada, le daba igual el primero que el segundo, el
resto de la gente quería ir en el grupo en
el que no fuera yo, porque era tía y porque
pensaban que no iba a poder subir al monte o...".
- Que los
ibas a retrasar.- "Que no iba a responder.
Eso fue la primera vez que me di cuenta. Lo demás,
pues hombre, nadie se atrevía a decir 'Que
haga el fregado ésta', porque ya sería
descarado estando en la misma situación".
- Y en una
organización revolucionaria.- "Sí,
pero, no sé... Hombre, tampoco vamos a pretender
que te traten como a un tío, no te tienen
por qué tratar como a un tío, ¿no?,
pero hay detalles o cosas que, bueno, las pasas,
pero te pueden llegar a molestar, las pasas porque
bastante difícil es una convivencia. Y, ya
te digo, allí entonces arrimaba el hombro
todo el mundo, porque, desde luego..., bueno, ahora
ni lo planteas, pero con 18 años..., ¡encima,
como para que te estén tocando las narices
en una situación de ésas! Pero sí
ves detalles de esos. A mí, por ejemplo,
el del monte me dolió mucho, porque yo sabía
que había andado mucho en el monte -antes,
además, andaba mucho en el monte, salía
mucho con las amigas y con los amigos, con cuadrillas
y tal- y que podía responder, al menos igual
que otro cualquiera de ellos, eso está claro.
Y me dolió mucho, porque nadie decía:
'Yo voy en el primero'; todo el mundo se arrimaba
al grupo que no iba yo y al final tuvieron que designar
los grupos.
Y, claro,
yo era en el más torpe, eso que dices: 'Pues
también manda narices'. Lo mismo que cada
vez que he pasado por el monte, las primeras veces,
porque luego ya te conocen, todo el mundo, cuando
pasabas y veían que habías podido
pasar y pasabas normal con el tiempo que más
o menos el resto de la gente hacía en el
monte, te decían: 'Joder, qué bien
andas en el monte'. No andaba bien, andaba como
otro cualquiera. No creo que a nadie le hayan dicho:
'Qué bien andas en el monte porque has tardado
cuatro horas en vez de cuatro horas y media'. A
mí, sí. Así, detalles de estos.
Y mimarte más de lo que deberían de
mimar porque ibas a subir un monte y no sé
cómo.
En detalles
te das cuenta de que no, de que no, de que la gente
es igual que en la sociedad, que es un reflejo de
la sociedad; la gente tiene muy asumido Euskadi,
independencia, aquello, pero nada más, nada
más.
Eso fue
la primera vez que dices: Bueno, ¿adónde
vamos a ir?, ¿qué sociedad vamos a
crear si somos los mismos? Vamos a ser independientes
y vamos a ser más progresistas y más
socialistas, lo que quieras, y ¿qué
más?, si vamos a funcionar igual. Ese fue
igual el primer golpe de: Bueno, ¿adónde
vamos?".
Hay otra
pregunta sin respuesta: ¿por qué hay
tan poca mujer dedicada al trabajo teórico?
De hecho, no hay ninguna mujer que se haya destacado
por un trabajo teórico importante, los ideólogos
de ETA han sido siempre varones.Relación
de parejaUna cuestión también interesante
es observar el funcionamiento de las parejas dentro
de ETA.
A este respecto
tengo que señalar que ninguna de las chicas
que yo he entrevistado ingresó en la organización
siguiendo a un hombre, lo cual no quiere decir que
estos casos no existan. Todas mis informantes tomaron
la decisión de militar antes de tener pareja.
Posteriormente es frecuente, por el propio carácter
de la organización y de la militancia, que
formen pareja dentro del marco comunitario, es decir,
con personas a las que se les supone un talante
no sólo abierto sino revolucionario.
- ¿Cómo
es en este contexto la relación de pareja?6
- "Paradójicamente,
y esto es algo que hasta los mismos varones reconocen,
la organización no ha creado a este respecto
un nuevo paradigma de comportamiento sino que éste
responde a un modelo cultural heredado.
Es una queja
extendida entre las chicas que las cargas familiares
descansan fundamenta-lmente en la mujer. Si la pareja
decide tener hijos es la mujer la que se ocupa de
ellos; si la mujer decide seguir en la vida política
puede darse el caso de que la pareja decida no tener
hijos para "no quitar tiempo a la mujer"
(sic).
Es raro
el caso del varón que decide hacerse cargo
de las tareas domésticas para facilitar el
desarrollo profesional o político de su compañera".
Es también
curioso el aspecto que hace referencia a la identidad
social de la pareja dentro de la organización.
Es decir, a cómo muestran el reparto de poder
ante los compañeros. Señalan los informantes
como normalmente uno de los miembros de la pareja
es quien toma las decisiones y quien lleva el peso
de la militancia.
Según
el talante de cada persona, unas veces puede ser
el hombre y otras es la mujer. Cuando sucede el
primer caso la mujer suele mantenerse discreta en
un segundo plano. Cuando es al revés, el
hombre -estoy generalizando- no puede evitar asumir
el protagonismo que le corresponde a su compañera.
Un militante varón me comentaba:"Yo
nunca le he oído decir a un tío: 'Qué
va, yo estoy aquí por la mujer, aquí
la mujer es la que ha montado...' Sólo a
uno, éste sí: 'Yo en la puta vida,
yo por la mujer, a mí me metió la
mujer'. Además la mujer es una tía
que vale la hostia, milita de puta madre y era ella
la que organizó, la que metió todo
el rollo, la que decía lo que tenía
que hacer y andaba más firme que la hostia.
Pero es
el único caso que he conocido y sé
que hay más casos. Yo sé de otra gente
que era la mujer la que tiraba "palante"
aunque ellos vayan ahora de comandantes y de no
sé qué en la cárcel. Pero tú
sabes y dices: Sí, vaya historias cuenta
éste cuando ha sido la mujer la que ha...
Y les ves en la cárcel y parece que eran..."."Es
que ahí funcionan un montón de mecanismos
que es la hostia. Igual es insoportable para el
tío pensar: Joder, ¿qué pasa?,
¿qué no tengo cojones y tiene que
ser la tía la que vaya a pegar tiros? Conozco
yo un caso que ha sido al revés. La tía
es la que ha militado y el tío entró
por los cojones de la tía, la tía
le dijo: 'Ahora lo tomas o lo dejas'. Y el tío
lo lleva de puta madre, y te lo dice él,
es un sano-sano: 'Yo estoy aquí por la mujer,
yo no pensaba en nada'. Y cuando formalizaron relaciones
le llevó a casa, le enseñó
el armario, tenía todo el armario lleno de
armas y le dijo: '¿Ya ves lo que hay aquí?
Pues, si quieres seguir conmigo, lo tomas o lo dejas,
yo aquí estoy y hago esto'. Y así
dice él mismo que fue como entró.
Pero reconocerlo
como hacía este tío, es muy raro ese
tipo de reacción, en un tío es muy
raro".
El castigo
Carezco
de datos sobre el papel de la tortura en el sistema
policial del Estado español de 1997, sólo
cuento con los testimonios que yo he recogido, en
todos los cuales está presente la tortura.
Las mujeres entre las que he hecho trabajo de campo
cuentan cómo se les aplicó torturas
específicas para mujeres, con un componente
sexual importante: vejaciones diversas, simulaciones
de violación, etc.
Esto por
lo que hace al comportamiento de los "enemigos",
pero dentro del grupo, y también respecto
al castigo, hay una diferenciación por géneros
que sigue parámetros harto tradicionales:
Normalmente el hombre "va a librar" a
su compañera; hace caer sobre sí todas
las culpas para evitarle de esta forma la cárcel
a su compañera, sin parar a preguntarse quién
es capaz de soportar mejor el castigo.
Según
decía un informante varón:- Todo dios
va a librar, que es otra machistada, por cierto,
porque ¿por qué cojones tiene que
salir la tía y no el tío? ¡No
te jode! Pero, bueno, como siempre hay ese rollo,
que salga la mujer, ¡joder, y ¿por
qué no puede salir el tío?!.- ¿Porque
el tío puede no querer?- "Porque el
tío no quiere.
Pero igual
los dos con las mismas declaraciones policiales,
pues si los dos lo tienen mal... Pues hay que ir
a librar a la tía, porque el tío quiere
comerse el marrón, con el rollo paternal
este. Igual lleva la cárcel mucho peor que
la tía, igual la tía está muchísimo
mejor, pues nada, hay que sacar a la tía.
Hay que hacerse el duro y luego allí igual
se esta cagando en Dios. No sé por qué
será, pero es así".
Según
los testimonios que yo he recogido para elaborar
mi etnografía sobre los militantes de ETA7,
en la organización hay una caracterización
en función del género que hasta los
mismos varones reconocen que sigue modelos culturales
heredados y no de nueva creación, los cuales
conforman y lastran la forma de entender las relaciones
entre los sexos y el papel de la mujer.
ETA ha sido
una organización marcadamente masculina en
la que los hombres han tenido el control del poder
y donde se han impuesto los que tradicionalmente
vienen siendo los valores masculinos: independencia,
búsqueda del triunfo, fuerza -que se demuestra
recurriendo a la violencia si es necesario- y una
clara diferenciación respecto al otro género
-que, por ejemplo, impide mostrar los afectos para
no ser considerados afeminados8-.
Semejante
caracterización hace que la presencia de
las mujeres sea problemática, de escasa trascendencia
y sólo reconocida cuando las mujeres han
tomado actitudes tradicio-nalmente identificadas
como masculinas.
Ante esta
situación son frecuentes los casos de mujeres
que se decepcionan, porque como podía leerse
en una cita previa, ven que marcharse de casa para
entrar en una organización que promete la
revolución no es garantía de que una
mejora en su cotidianeidad. Observan un reparto
de roles en función del género muy
similar al que tenía la generación
de sus padres y que los cambios que, efectivamente,
se han producido no se deben al trabajo que la organización
como tal ha llevado a cabo sino a una modificación
de las costumbres más amplia que afecta al
conjunto de la sociedad. Que, al menos en este campo,
es la organización la que va por detrás
de los cambios sociales y no la que los promueve.
Hay quien,
pese a todo, aun siendo consciente del panorama
que he descrito, piensa que militar es una ayuda
en su lucha como mujer. La militancia le aleja de
una serie de convencionalismos a los que, si no,
estaría abocada. Algunos muy inocentes: no
tener que aceptar ciertas normas impuestas en la
familia.
Otros de
más enjundia, como tener en sus manos la
posibilidad de transformar la sociedad y de adquirir
protagonismo en ella.En lo que muestran unanimidad
todos los testimonios es en declarar que imitar
el modelo masculino es insuficiente pues sólo
puede conducir a una nueva alienación. Que
es necesario construir un nuevo concepto de la femineidad
y a partir de él establecer las relaciones
entre géneros.
*Profesora
de Antropología Social en la Universidad
del País Vasco y autora del libro "Militar
en ETA"