Frente Auténtico del Trabajo

Análisis, Apuntes para la Renovación Sindical

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


APUNTES PARA LA

RENOVACION SINDICAL


MANUEL GARCIA URRUTIA M.

I
Muchos indicadores dan constancia de la crisis de los sindicatos como instituciones por antonomasia identificadas con la defensa de la clase trabajadora. Desde algunos relacionados con cuestiones de carácter global, derivadas del avance tecnológico y en general, del modo de vida dominante en el mundo, como puede ser el desempleo creciente, la pérdida de bienestar, el desmantelamiento de los sistemas de seguridad social y de las regulaciones que garantizan los derechos del trabajo, etc. (el conflicto laboral en Corea es hoy un buen ejemplo) hasta aspectos más puntuales relacionados con la peculiaridad de nuestra realidad laboral. Tal es el caso, por citar alguno, de las relaciones corporativas para generar fórmulas convenientes a los factores de la producción -al capital y al trabajo- a fin de convencerse e involucrarse mutuamente y compartir, de manera justa, los beneficios derivados de una mayor eficiencia y competitividad.

II
Para mucha gente los sindicatos son dinosaurios en proceso próximo de extinción por su incapacidad para adaptarse a los cambios que existe en entorno ; para otros, los sindicatos tienen muy mala fama tanto por la corrupción que priva en muchos de sus líderes, como por la apatía que muestran éstos en la protección de sus agremiados y su dependencia con el partido oficial, pero también, en ocasiones, por los excesos y falta de imaginación que demuestran a la hora de defender los intereses de sus miembros por encima de los de la colectividad.
Por ello la renovación sindical pasa no solo por desarrollar alternativas para un modelo económico contrario al interés obrero o diseñar nuevas estrategias unitarias y relaciones internacionales más activas -necesarias para enfrentar los retos de la globalización- sino por cosas más sencillas: mejorar su relación con la sociedad y recobrar al sindicato como la organización de los trabajadores.
Nadie duda la importancia de las organizaciones sindicales como sujetos transformadores y promotores de la justicia social pero muchas veces se comportan como instituciones conservadoras, obsoletas, que obstruyen el cambio y la necesidad de ser mejores como pueblo, como nación. Esto no pasaría si la gente común sintiera a los sindicatos como aliados de sus demandas y aspiraciones, como instrumentos propios para orientar el cambio hacia donde la sociedad lo reclama; es decir, si se reemplazara al paralizado “movimiento sindical” por un sindicalismo en movimiento.

III
Como el diagnóstico de la crisis sindical puede documentarse más ampliamente sería más conveniente bordar sobre algunos puntos que podrían hacer de esta vicisitud una oportunidad inmejorable para renovar nuestra práctica sindical y más, para desarrollar
una nueva dimensión y propuesta del movimiento obrero.

1.- La modernización sindical a partir de seis niveles de relación:
1.1 La relación con los agremiados. Los afiliados a las organizaciones sindicales ya no pueden ser trabajadores que ni siquiera sepan que están sindicalizados. Ni tampoco convidados de piedra donde la idea del sindicato sea un local o unos “líderes” que de vez en cuando se aparecen por los centros de trabajo y deciden, ellos y algunos incondicionales, por la mayoría. Los sindicatos deben dejar d ser empresas de protección al capital manejadas en forma patrimonialista por líderes venales. El concepto del sindicato debe acercarse a los trabajadores para servir a sus intereses. Por ello, la gestión y la negociación debe dejarse, en cada centro de trabajo, en manos de los trabajadores elegidos por sus compañeros para tal fin. La democracia social se expresa en una mayor descentralización de las operaciones que hacen a la vida cotidiana de las organizaciones - se trata de acercar los problemas a la gente haciéndola participe de sus soluciones -, en una mayor representatividad y legitimidad de los liderazgos que permita recobrar y mantener la confianza que debe privar en centros laborales que aspiran a lograr mayores niveles de productividad, así como en un reflejo de la pluralidad y la tolerancia que debe existir en un espacio donde se respeta y se aprecia la diversidad.
1.2 La relación con la empresa. Los problemas de la administración no pueden ser ajenos a los trabajadores y su organización. De hecho los obreros individualmente se preocupan cuando saben que las cosas no marchan bien en su fuente de trabajo, más allá de las resistencias del patrón a aceptar la injerencia sindical en las decisiones administrativas, que siente de su competencia exclusiva, o de la recomendación del sindicato de no meterse en “las cosas de la empresa”. La nueva realidad exige co - responsabilidad de la administración y los trabajadores para enfrentar los retos de la productividad y de una mayor competencia. Sin un ambiente de respeto y de confianza mutua, de compartir, de manera concertada y justa, los tiempos de amarrarse el cinturón o de bonanza, difícilmente se podrá cristalizar la tan llevada y traída “nu4eva cultura laboral”.
1.3 La relación con el gobierno. La llamada “alianza histórica” no puede seguir siendo el pretexto para justificar relaciones subordinadas al gobierno en turno, avalando incondicionalmente cualquier tipo de demandas y conductas, sin poner por delante el interés inmediato y estratégico de la clase trabajadora. Esa es la naturaleza de la institución sindical ; actuar de manera contraria es desfigurarla, aniquilar su objetivo. Es inútil tratar de justificar políticas neoliberales, contrarias al interés popular, envueltas en frases patrióticas que son fácilmente evidenciadas por sus efectos sociales. La relación con el régimen debe sustentarse en el respeto a la libertad y la autonomía sindical; en normas y condiciones que garanticen su independencia para organizarse y unirse de acuerdo a sus intereses. Incluso, que permita la discrepancia con las acciones y posiciones oficiales, garantizando un clima de diálogo, concertación auténtica y construcción responsable de alternativas, sin la injerencia estatal, que puedan ser consideradas en las políticas de gobierno. La alianza con el gobierno ya no puede darse bajo la base de simulaciones que terminan desgastando ala institución sindical y hacen ver a sus líderes como simples comparsas.
1.4 La relación con lo partidos políticos. Los vínculos y compromisos de las organizaciones sindicales con los partidos no pueden ser decidido se impuestos a los trabajadores - y en ocasiones , también a los patrones - por los intereses de los líderes ni mucho menos por afiliaciones forzosas, ya sea a través de los estatutos o de cualquier otro mecanismo que coarte la libertad de elección de sus miembros. Los sindicatos deben respetar la libre afiliación y militancia, así como la pluralidad existente en su seno, alentando en todo caso, la participación cívica responsable y la discusión sobre los proyectos que representan las diversas ofertas políticas. La nueva relación, no corporativa, con las organizaciones políticas debe darse sobre la base del respeto a la libre afiliación y los compromisos o alianzas que puedan establecerse con las mismas, deben ser fruto de un acuerdo democrático, donde las demandas sindicales sean enarboladas y no deriven en cheques en blanco; en apoyos incondicionales. La participación de los líderes en los procesos electorales debe darse al margen de la vida sindical; es decir, que no deberían mezclarse los intereses del partido con los de la organización a fin de no repetir esquemas corporativos que rompen con la diversidad y la pluralidad que es inherente a la vida sindical. Los líderes en cargos públicos o políticos deben retirarse temporalmente de la vida sindical mientras duren en el cargo. La relación con los partidos políticos debe reflejar el grado de madurez alcanzado por la organización sindical.
1.5 La relación con la sociedad y con otros sindicatos. Los sindicatos se han olvidado de su relación con los demás miembros de la sociedad, atendiendo en el mejor de los casos , solo al interés de sus agremiados - siendo sectores privilegiados no solo por estar organizados sino también por contar con empleo - convirtiéndose en élites conservadoras y estrechando su visión en cuanto a sus responsabilidades sociales, es decir, el pensar que su obligación está sólo con sus afiliados y no con la sociedad, con su rol como instrumento de cambio y generador de equilibrios frente a los abusos del poder a fin de que las mayorías tengamos mejores condiciones de vida. Hoy, paradójicamente, cuando el capital busca globalizar e imponer su proyecto ideológico, los sindicatos tienden a ponerse límites a su influencia y a perderse en discursos retrógradas y falsamente nacionalistas que impiden su desarrollo y la generación de nuevas alianzas que no sean sólo las inducidas desde el poder para controlarlos. El proyecto estratégico, de largo plazo, al que aspiran los trabajadores se ha desdibujado e ingenuamente se piensa que es posible alcanzarlo sin el apoyo y concurso de otros sectores sociales - que han emergido ante el abandono sindical a un sinfín de problemas que inquietan a la sociedad -, por eso, su relación con la comunidad debe renovarse para buscar que el sindicalismo vuelva a representar los anhelos de la mayoría de los integrantes de nuestra sociedad. La relación con ésta debe reconocer la intersectorialidad y la pluralidad de las preocupaciones sociales y aceptar la interdisciplinariedad que requiere hoy en análisis y la atención de los nuevos desafíos que se le presentan al movimiento de los trabajadores a fin de ser más humilde en sus relaciones y sumarse a las tareas de cambio en el sentido de lo que demandan las mayorías. Se trata, en suma, de recuperar la influencia y la representatividad social de los sindicatos como instrumentos de transformación. Los esfuerzos unitarios y de alianzas estratégicas del sindicalismo renovado deben forjarse y sentirse desde abajo, desde las bases, con el propósito de arraigarse y hacer de la unidad compromisos serios de acción programática y no sólo instrumentos de adorno, trampolín político de líderes u objetos para la legitimación de medidas tendientes a debilitar al movimiento obrero y su proyecto histórico.
1.6 La relación con organizaciones sociales de otros países. La internacionalización del movimiento de los trabajadores siempre fue una aspiración que partía del reconocimiento de que los trabajadores tenían condiciones comunes, de desventaja, en su relación con el capital y solo su unidad podría cambiar esa correlación. Los esfuerzos unitarios construidos en el escenario mundial, sin embargo, tendieron más a poner por delante las diferencias ideológicas que las aspiraciones afines y se prohijaron desde el poder más con fines escisionistas y de inmovilidad que para la construcción de una alternativa que beneficiara a los intereses de los trabajadores de todo el mundo. Mientras, el capital transnacional se reproducía y ganaba iniciativa y movilidad con un proyecto estratégico y un discurso claramente articulado al movimiento de los trabajadores no ha sabido enfrentar a no ser de sus resistencias sistemáticas, muchas de ellas heroicas, pero sin eficacia ante el avance del capital y el paulatino deterioro de las condiciones de vida de la población. Hoy la movilidad de el capital y la ambición desmedida de su proyecto de acumulación, que tiende a concentrar la riqueza y deteriorar el entorno en perjuicio de nuestro presente y el futuro de próximas generaciones demanda un nuevo enfoque de las relaciones internacionales. Se trata de la construcción de alianzas sobre principios y fines comunes y prácticos - que permitan pensar globalmente la problemática común pero respetando los campos de acción local - a fin de ir acotando el capital en todo el mundo y condicionar su movilidad a compromisos sociales que tiendan a mejorar las condiciones de bienestar de los pueblos a través de una más justa distribución de la riqueza mundial y nacional. La relación de sindicatos de la misma rama industrial, de la misma empresa transnacional, son formas estratégicas que deberán cobrar mayor vigencia para enfrentar en forma conjunta negociaciones que no permitan el chantaje del capital. Esto no quiere decir que no se reconozcan y respeten las diferencias en las distintas realidades, sólo se trata de que éstas no sirvan de pretexto para sumir a los trabajadores en condiciones degradantes de la dignidad humana o usar los bajos salarios como forma competitiva persistente.
2. La modernización sindical a través de eficientar su funcionamiento.
Los estatutos sindicales se han convertido en símbolos del anacronismo que viven las organizaciones, si bien obedecen algunas de sus disposiciones a cuestiones legales, la realidad es que han justificado la burocracia, la inmovilidad en que se encuentran inmersos, así como el distanciamiento con las bases sindicales y sus problemas inmediatos. Hoy los estatutos de un sindicato democrático no tienen diferencias substanciales en su contenido de otro que no loes; si acaso, los contrastes se centran en el nivel de aplicación de los mismos, pero no es suficiente para las nuevas tareas a las que deben abocarse los sindicatos.
La renovación sindical pasa por reconocer que las formas de organización, las estructuras sindicales y sus normas son medios para conseguir algo y no fines en si mismo. Por ello, adecuar la vida sindical a las exigencias de democratización que hacemos de la vida nacional es un acto de congruencia que incluye: abolir la afiliación forzosa a un partido; la garantía de una mayor participación de los agremiados en la forma de decisiones y la elección libre de sus representantes; la consideración de mecanismos y espacios que promuevan la comunicación entre dirigentes y representados, así como la democracia sindical; la descentralización del funcionamiento organizacional y la administración contractual para acercarlos a los directamente involucrados; la transparencia en el uso de los recursos y la planeación y evaluación de las tareas sindicales involucrando a las bases son sólo algunos aspectos de las adecuaciones que requiere la organización sindical. Ello sin olvidar la modernización y adquisición de locales y equipos que faciliten la operación eficiente de las oficinas sindicales, no tanto como una moda sino para responder a los niveles de comunicación y a las necesidades reales que demanda el buen funcionamiento del sindicato.
3.La modernización sindical a través de la ampliación de su misión.
El sindicato y sus dirigentes han circunscrito sus funciones burocráticas a las establecidas en las normas estatutarias y a la administración de la relación contractual. En algunos casos, su visión también ha incluido el quehacer político, reducido solo al campo de interés de los líderes, a la participación directa en cargos de elección popular o para apoyar algunos candidatos del partido oficial. Este alejamiento de las bases y sus preocupaciones, derivado del tradicional funcionamiento y concepción del sindicato, hace que la gente vea como ajeno al mismo, no como su organización, no como el producto de su fuerza coordinada y unida; poco atractivo tiene hoy en día ser sindicalizado - como no se trate de gente floja, que no le guste trabajar y por eso busca la protección viciada del sindicato, según prejuicios cada vez más generalizados -. Por ello, dentro de la recuperación del origen de la organización sindical está el rendimensionamiento de su misión, es decir, de los aspectos de que debe ocuparse la organización no solo desde la perspectiva de sus líderes sino principalmente de sus agremiados y de la comunidad a que se debe. Las personas que están afiliadas a los sindicatos desearían que su organización hiciera más por ellos, no solo derivando de la relación contractual con el patrón, sino también de las cuotas que paga y de la fuerza que da su unidad para la realización de algunas gestiones públicas. La renovación también pasa por una mayor ampliación de los servicios que los sindicatos deban brindar a sus afiliados de manera regular, beneficios adicionales como producto de su membresía, compromiso y lealtad para su organización. Servicios, por ejemplo, de aseguramiento ( ¿qué tal una “Afores”, un seguro de vida, gastos médicos, del auto, de educación para los hijos, etc.? ), de recreación y convivencia familiar, eventos culturales, de educación, de análisis y discusión. Actividades olvidadas por el trajín de los problemas laborales y del diario sobrevivir. Empero, el sindicato no solo es grilla y huelgas, es también un espacio de crecimiento intelectual y formativo de los trabajadores.

IV
Mejorar la imagen de los sindicatos en la opinión pública - en la sociedad y los agremiados - no sólo es cuestión de marketing, es cuestión de sobrevivencia. La renovación sindical debe llevar al nacimiento de una práctica que revalore el trabajo y haga de la corresponsabilidad, la honestidad, la conducta propositiva, el respeto a la dignidad humana, la tolerancia a la diversidad y la participación social elementos indispensables en la construcción de nuestra idea de democracia y en la consecución de la justicia social. Estos son los principales valores que deben guiar la nueva propuesta obrera. Los sindicatos deben ser protagonistas del cambio.
Los tiempos que vivimos son únicos e irrepetibles, el sistema corporativo, que ha dominado la práctica sindical en las últimas décadas, está en franca decadencia. Estamos viviendo épocas de transición que demandan nuevas actitudes y propuestas para mantener viable nuestro proyecto de nación.
Y también, tenemos que estar conscientes de que está en juego la centralidad del movimiento sindical y su desenlace no lo decidirá su cercanía con el gobierno en turno sino la unidad, representatividad y decisión de las diversas fuerzas en juego. La suma de las fuerzas que están por la democracia y la autonomía sindical contra las fuerzas de la inmovilidad y la complicidad con el capital.

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