Los devastadores
efectos del TLCAN sobre las condiciones de vida
de los trabajadores de América del Norte
en su conjunto, explican completamente la abierta
actitud de rechazo de los sindicalistas de esta
parte del continente hacia las iniciativas del
Plan Puebla Panamá y del Area de Libre
Comercio de las Américas, que se presentan
como una continuación de la políticas
que privilegian el capital sobre el trabajo y
que constituyen la esencia del Tratado de Libre
Comercio.
Aunque los efectos sobre el trabajo han variado
entre Estados Unidos y Canadá, por un lado,
y México por el otro, existe un elemento
común en los tres países: la precarización
del trabajo; entendida como inestabilidad en el
empleo, despidos y cierres de empresas, salarios
y prestaciones a la baja y ataques sistemáticos
a las organizaciones sindicales. Para los trabajadores
estadounidenses y canadienses, el TLCAN se ha
traducida en la pérdida de miles de empleos
en el sector industrial, derivado del movimiento
de las empresas hacia el sur, con la consecuente
disminución o pérdida de su capacidad
de presión por mejoras salariales y/o contractuales,
ya que las empresas, al enfrentar una eventual
movilización de sus trabajadores por este
tipo de mejoras, recurren a la amenaza real o
ficticia de emigrar a México. El gobierno
mexicano, por su parte ha recurrido sistemáticamente
a la oferta de mano de obra barata y dócil
para atraer inversión extranjera. Los trabajadores
mexicanos no se han beneficiado en absoluto del
movimiento de empresas del Norte hacia el Sur
del Río Bravo, dado que el gobierno, en
complicidad con los sindicatos charros, ha implementado
una política de contención salarial
y de negación absoluta de los derechos
de los trabajadores en las plantas recién
instaladas (lo mismo que históricamente
había venido haciendo, pero en una escala
mucho mayor, o por lo menos más notoria),
de modo que la dramática reducción
de los costos de producción asociados al
trabajo sea el principal alentador de las empresas
para instalarse aquí -sin mencionar la
laxa o nula regulación ambiental-. Los
creación de nuevos empleos en la industria
maquiladora de exportación (mal pagados,
inseguros, bajo el control corporativo de los
sindicatos oficiales) no ha alcanzado a compensar
la pérdida de empleos en la industria doméstica,
que simplemente no pudo mantenerse a flote con
la apertura de fronteras a las mercancías
foráneas.
Mientras que las ganancias de las transnacionales
se han multiplicado geométricamente en
estos años del TLCAN, prácticamente
nada de la riqueza generada ha llegado a los trabajadores
de Norteamérica, por el contrario, como
el caso mexicano hace evidente, las condiciones
de vida de la clase obrera se han estado yendo
a pique.
Queda claro entonces que el principal objetivo
del movimiento laboral, planteado desde la perspectiva
internacional con la cual está comprometido
el FAT, es revertir esta tendencia negativa derivada
de la aplicación fanática del dogma
neoliberal del libre comercio. Para ello se han
construido redes de acción sindical que
involucran a trabajadores y sus organizaciones,
para focalizar el trabajo sobre una misma transnacional
que tiene plantas en varios países, o sobre
un mismo sector de la economía. El objetivo
a gran escala es fortalecer la organización
de los trabajadores, principalmente en países
en desarrollo para impedir que las pésimas
condiciones de trabajo que ofrecen gobiernos como
el mexicano para atraer la inversión extranjera
se traduzcan en más pérdida de empleos
en el Norte y en mayor explotación y anulación
de los derechos laborales en el Sur, y en general,
en mayor sumisión del trabajo frente al
capital en todas partes.
La actuación de las organizaciones sindicales
en procesos de resistencia y búsqueda de
alternativas al ALCA y al Plan Puebla Panamá
puntualiza esta experiencia compartida de los
trabajadores de los países firmantes del
TLCAN. Se busca incluir en las redes de acción
operantes en Norteamérica a organizaciones
de trabajadores de Centro y Sudamérica,
las cuales, aún antes de negociarse siquiera
el ALCA ya sienten el empate antilaboral de sus
gobiernos en busca de crear condiciones para atraer
las inversiones que se anuncian una vez puesto
en funcionamiento el ALCA, justo como pasó
en México hace poco más de una década.
En una perpectiva más amplia de la sindical,
las organizaciones de trabajadores están
comprometidas con los esfuerzos de integración
continental alternativa tales como la Alianza
Social Continental, sumando el punto de vista
laboral al de género, campesino indígena,
medioambiental, de derechos humanos, etc.
Declaración
de Cancún 