Otra vez,
como hace muchos años, el sector insurgente
de los trabajadores tomará las calles este
primero de mayo para hacer sentir su voz y protesta
frente a un mundo que de manera acelerada los excluye.
Asistiremos a una jornada de disidencia organizada
en la que se expresarán consignas y reclamos
por libertad y democracia sindical, y más salario,
combinando agendas generales y particulares. En fin,
un acto en el cual daremos rienda suelta a la imaginación
para mostrar la indignación.
A pesar de
que la mayoría de la población somos
de una u otra manera trabajadores, unos en el empleo
formal, otros en el subempleo, unos de cuello más
o menos gris, otros francamente oscuro, y aun cuando
en la actividad laboral cotidiana ocupamos la mayor
parte de las horas del día para satisfacer
nuestras necesidades personales y familiares, el tema
del trabajo no ocupa la centralidad que merece en
la agenda nacional. Ampliar la visión sobre
la vida democrática hasta las zonas oscuras,
más allá de los límites que el
sistema político pretende imponernos -atendiendo
a las reflexiones del politólogo Guillermo
O'Donnell-, permitirá encontrar algunas explicaciones
a esta marginación.
Una respuesta
deviene de nuestra precaria democracia y el modelo
económico que se resiste a cambiar, de una
añeja cultura corporativa que cedió
al Estado la protección y control de los trabajadores;
fomentó instituciones, formas organizativas
y liderazgos contrarios a los intereses de los hombres
y mujeres que viven de su trabajo y, más tarde,
fueron parcialmente cedidos a los empresarios que
hoy manejan las riendas de estos mecanismos de subordinación.
Por ello existen tantas resistencias para abordar
la agenda en favor de una nueva política salarial;
la transparencia y rendición de cuentas en
los gremios; el acceso a la contratación colectiva
legítima; el voto secreto; la fiscalización
del comportamiento empresarial por parte del Estado;
admitir un cambio en los sistemas de justicia laboral
mediante jueces imparciales que hagan respetar los
derechos de los trabajadores y den cauce a sus exigencias
en favor de un cambio.
Estará
presente en las marchas a lo largo y ancho del país
la indignación por la reciente aprobación
de la Ley del ISSSTE, dictada por un Congreso que
actuó en las sombras con la falsa excusa de
salvar esta institución de seguridad social.
En ningún país del mundo una legislación
de esta importancia hubiera sido aprobada en el curso
de una semana, sin debate, sin explicación
y sólo atendiendo consignas de un acuerdo cupular
que pone en manos de las aseguradoras privadas los
magros recursos pensionarios de los trabajadores.
Se trató de un descontón al viejo estilo,
claramente confesado por un diputado panista que apurando
el proceso legislativo señaló: "urge
que aprobemos la ley antes de que los trabajadores
se organicen en nuestra contra". Tan rechazada
ha sido la ley que ahora, ya aprobada, mediante una
campaña mediática pretenden justificarla,
cuando era elemental un proceso inverso. El colmo
es que festejen el despojo como un triunfo de la primera
reforma estructural.
Lo cierto
es que nunca podrán explicar de cara a los
trabajadores por qué los condenaron a un modelo
de pensiones inciertas, que por su diseño tenderá
a la baja y los llevará a la penosa condición
de verse obligados a negociar de manera individual,
con un bono en la mano, con poderosas corporaciones
privadas que siempre buscarán apropiarse de
buena parte de sus ahorros de la manera más
ventajosa. Los análisis actuariales realizados
a la ley a posteriori así lo demuestran. Convendría
que los verdaderos autores de esta reforma asistieran
a las múltiples asambleas que hoy se realizan
en todo el país para organizarse mediante la
presentación de amparos o diseñando
acciones para reclamar, a unos días de aprobada
la ley, un cambio a la misma. Impresionan las filas
de trabajadores en los juzgados de distrito presentando
estas demandas, incluso quienes lo escriben a mano.
Motivo de
movilización es también la lucha en
contra de los contratos de protección patronal,
que coartan a la mayoría de los trabajadores
del país el derecho a negociar con sus patrones
las condiciones de trabajo. Por ello, una demanda
será eliminar el privilegio empresarial de
firmar con mafias de traficantes estos convenios fundamentales.
Esta penosa institución representativa de nuestro
modelo laboral destruye toda posibilidad de modernización,
porque la concertación respaldada en el diálogo
informado y responsable es el centro de cualquier
sistema de relaciones laborales sustentables.
Las y los
sobrecargos de Mexicana de Aviación, hermanados
con otros trabajadores del sector aéreo, ratificarán
la denuncia al intento de despojo de su contrato colectivo
que busca reducir a la mitad sus magros ingresos,
apenas suficientes para satisfacer necesidades elementales.
Expondrán el procedimiento amañado de
un tribunal parcial, que ha dejado evidencias claras
de su incapacidad para actuar con autonomía.
También estarán presentes trabajadores
del campo exigiendo soberanía alimentaria,
tema que a todos importa, en la medida que la calidad
de vida de la población depende en buena parte
de este reclamo.
Defender el
trabajo supone enlazar las agendas de los distintos
sectores de trabajadores, especialmente aquellos que
carecen de un empleo para sobrevivir y de los millares
que laboran en la pequeña y la mediana industrias.
Es imperioso influir como expresión organizada
del trabajo en el diseño de las políticas
públicas. Para la justa exigencia de un mayor
gasto social se requiere luchar por una reforma fiscal
redistributiva que ponga énfasis en evitar
la evasión que realizan las grandes empresas
mediante un sofisticado sistema de exenciones y regímenes
especiales, que muchas veces ha contado con la complacencia
de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Sumémonos
a esta movilización en favor de una vida digna;
no dejemos que el mundo del trabajo siga secuestrado.
Arturo Alcalde